lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 6


Un rayo de sol me despertó, rara vez no suelo dejar las cortinas abiertas pero no me habré acordado ayer por la noche. Me desperté con dolores en toda la espalda, me dolía todo el cuerpo de la enorme paliza del gimnasio.
-Nayi te tengo qué contar algo
-Pues a qué esperas para contármelo-se impacientó
-Nos vemos en treinta minutos en la cafetería de siempre
-Vale, iré oculta como siempre. Últimamente no me dejan en paz.
-Yo también iré vestida así.
Con capucha y café en mano me senté en la mesa más alejada qué no daba a la calle, a los pocos minutos apareció ella con el mismo café qué yo. Nos comenzamos a quitar toda la ropa y ser como nosotras somos, bien vestidas y elegantes.



 Antes de comenzar a decirle a lo qué venía comenzamos a hablar de otras muchas cosas…nos levantamos de aquella cafetería para irnos de compras, así pasaríamos más desapercibidas.
-Vi el último videoclip en el qué saliste. ¿Muy atrevida tú no?
-Estoy habituada-dije mirando una camisa-pero esta es la primera vez en el qué me atrevo a manosear más.
-Tú qué siempre estás habituada a besar a todos los famosos en sus videos. Ahora te tocó ir al otro extremo-rió
Salimos de aquella tienda pasando al lado de una tienda de novias, me paré viendo el enorme traje de boda qué estaba en el escaparate. Ella se dio cuenta y se puso a mi lado admirándolo.




-Algún día tendremos a alguien qué nos pida matrimonio y podamos ponernos ese traje
La observé-Nayi…yo…estoy prometida
-No me bromees anda, vámonos de aquí-por no creérselo le enseñe el anillo-¿pero qué? ¿Con quién? ¿Cómo es posible? ¿Ya?
-No sé cuándo me casaré, pero estar prometida lo estoy. Quiero qué seas mi dama de honor-le sonreí
-Estoy encantada pero…no me creo qué te cases, pero si no estabas con nadie hace nada.
-Me caso, y creo qué es el mejor de todos los chicos qué he conocido.
-Ya sabrás presentármelo, aunque sea verlo en una foto ¡eh!
-Mira es este-le dije sacando mi móvil y enseñándole una foto de él.



-¿Estáis muy unidos?
-Por lo visto sí, si hubieras visto todas las cosas qué hizo solo para pedírmelo…te atontas-eso me recordó una cosa- espera-dije y salí prácticamente corriendo.
Corrimos las dos a mí casa, en el ascensor cogí el aire qué me faltaba. Abrí la puerta y me aseguré de qué no estuviera por ahí para qué ella entrara.
-¿No quieres que le vea?-preguntó extrañada
-No es eso, si no qué podría estar en paños menores-le dije y nos reímos.
Rápidamente buscaba por todos lados las cartas qué colgaban de los globos, miraba por todos lados, y donde menos me lo esperaba ahí estaban. Encima de la mesita de noche con una nota escrita por él, seguramente de esta mañana.

“Me suponía qué lo primero qué te acordarías sería de las notas. Me he tenido qué ir a una entrevista de radio, volveré a la hora de comer. Te quiero jagiya”

-Qué yo sepa no te llamas jagiya-dijo ella detrás de mi espalda
-Cotilla-respondí-es así como me llama él-no esperé más y abrí una de las tantas cartas. Prefería abrirlas poco a poco, en los momentos más duros leeré otra para subir mi estado de ánimo, pero más bien me interesaba guardarlas y saber acerca de cuánto me quiere a lo largo de nuestra relación.

“No sé cómo explicar todos estos sentimientos pero sé qué soy capaz de reflejarlos.
Son ya mil momentos de amor los que hemos compartido, son mil instantes juntos y muchas palabras en las que nos hemos dicho con música de amor lo que sentimos. Quizás jamás dejemos de decirnos lo que nos queremos, lo que nos amamos, lo que esperamos, el amor es así: nunca aparece el cansancio, nunca dejamos de producir magia con sentimientos. 

Y yo quiero que siga así, porque con cada palabra, con cada sílaba, con cada sonido que sale de tus labios me estremezco, y aunque ya conozca tu voz (¿cómo no conocerla si es lo único que quiero oír?) cada vez que te escucho vuelvo a temblar y me vuelvo a enamorar de ti, una y cien veces. 

Cuando no estás te oigo, cuando estás te admiro, cuando no estás te siento, cuando estás te quiero abrazar. Recítame tus pensamientos, tus esperanzas, lo que esperas de mi, lo que sueñas, procuraré meterme en tus sueños y en tus pensamientos, cumplir tus esperanzas y estar ahí cada instante. 

Te quiero seguir oyendo, sumando los sonidos, guardando tus palabras en mis sentimientos, obedeciendo con amor tus anhelos. Te quiero seguir escuchando, cuando lo hago olvido el mundo, olvido mis penas, olvido hasta el olvido. 

Me despido de ti, no sin decirte que ahora no te oigo, pero miento, grabé tus palabras diciéndome que me amas y por eso la sonrisa se quedó perenne en mí. Deseo que llegue el momento de volvértelo a escuchar, porque tus te amo son mi fuerza de vivir. 


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