lunes, 25 de junio de 2012

Capítulo 4




Mientras miraba desde lo alto de la azotea le pregunté-¿Te tienes que ir dentro de cuatro días?
-Sí, y quiero qué te vengas con migo
No podía abandonar todo lo que había conseguido, dejaría prácticamente la casa abandonada y no me hacía mucha gracia. Días de reflexión suponía que no era un problema dejar la casa a cargo de una amiga que vendría de vez en cuando a echarle un vistazo.
-Vamos a dar una vuelta ya que acabas de salir
-Estoy cansada de las clases de fitness y me vas a meter a caminar ahora
-Venga que yo te llevo la mochila-me la quitó de la espalda cargándosela- te estoy haciendo un favor



Después de un rato caminando sin rumbo fui deteniéndome poco a poco-no puedo más, me tiemblan las piernas.
-Falta poco-me agarró de la mano y fue dándome empujones. Se cansó de darme empujones, se puso detrás de mi espalda y desde ahí me arrastraba, me abrazó pero seguíamos caminando-te encantará-me susurro
-Quisiera verlo ya, pero mis piernas no pueden más- me senté en un banco descansando un poco.
Se sentó a mi lado, saco la botella de la mochila y me la dio-no quisiera que esto se estropeé y tampoco quiero que sigas caminando porque sé que te estoy haciendo mal pero…-miró al infinito- ves…falta poco-me miró y señaló-es al lado de aquel árbol.
Tomé un sorbo de aquella bebida energética, mi curiosidad y sus ilusiones fueron las que me dieron las últimas energías para levantarme. Comencé a caminar, más lento de lo normal pero por lo menos llegaría; el entrenador hoy me hizo trizas, no había ido al gimnasio desde hacía tiempo.
Antes de llegar al árbol me tapó los ojos, me giré a un lado, parecía que había doblado la esquina de la calle-espero que te guste-me susurró-lo hice con ayuda pero por eso tarde el primer día que te vi aquí, llevo una semana preparándolo. Te mentí y te dije que había venido ese mismo día que te dije que nos encontráramos en el rio, pero te lo quería preparar.
Me descubrió los ojos, tenía miedo con lo que los abrí poco a poco. Un escaparate enorme con una tela puesta, algo ocultaba. Le miré extrañada-todo tiene seguridad-me dijo-un beso es la clave.
Un gran beso fue lo suficiente para que lo descubrieran, escuché como quitaron la tela que tapaba. Tenía una presión en el corazón, mi cara se iluminaba, sonreía sin sentido, unos globos cubrían el fondo del escaparate formando las palabras “I love u” estanterías cubiertas por dulces, chocolate, fresas y nata. Lo más bonito, globos que no tocaban el techo, pero si flotaban en mitad del escaparate con cartas que me supongo que hay cosas escritas.
-Por eso tarde-pauso-me costó dos días a que los globos quedaran a mitad y no arriba del todo. Mucha gente se paraba para ver el enorme escaparte dedicado solo para mí, no pude evitar a que mis ojos se rallaran y soltaran un par de lagrimas-no llores-me dijo quitándomelas
-Lloro de felicidad-le besé como nunca, me había dejado en shock del enorme regalo.
-No es todo-dijo sacando algo del bolsillo. Una llave-entra-dijo mirando dentro de aquella tienda, justamente la que tenía el escaparate-ya te dejaré leer las cartas que cuelgan y también te dejaré probar los dulces pero quiero que veas otra cosa.
Mi curiosidad fue a más, la cogí sin pensar y todo sin soltarle la mano. Nada más entreabrir la puerta estaba la habitación vacía a primera vista, una vez abierta entera vi como otros globos formaban un enorme túnel hacia otra puerta.



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