Mientras miraba desde lo alto de la azotea le pregunté-¿Te tienes que ir dentro de cuatro días?
-Sí, y quiero qué te vengas con migo
No podía abandonar todo lo que había conseguido,
dejaría prácticamente la casa abandonada y no me hacía mucha gracia. Días de
reflexión suponía que no era un problema dejar la casa a cargo de una amiga que
vendría de vez en cuando a echarle un vistazo.
-Vamos a dar una vuelta ya que acabas de salir
-Estoy cansada de las clases de fitness y me vas a
meter a caminar ahora
-Venga que yo te llevo la mochila-me la quitó de la
espalda cargándosela- te estoy haciendo un favor
Después de un rato caminando sin rumbo fui deteniéndome
poco a poco-no puedo más, me tiemblan las piernas.
-Falta poco-me agarró de la mano y fue dándome
empujones. Se cansó de darme empujones, se puso detrás de mi espalda y desde
ahí me arrastraba, me abrazó pero seguíamos caminando-te encantará-me susurro
-Quisiera verlo ya, pero mis piernas no pueden más- me
senté en un banco descansando un poco.
Se sentó a mi lado, saco la botella de la mochila y me
la dio-no quisiera que esto se estropeé y tampoco quiero que sigas caminando
porque sé que te estoy haciendo mal pero…-miró al infinito- ves…falta poco-me
miró y señaló-es al lado de aquel árbol.
Tomé un sorbo de aquella bebida energética, mi
curiosidad y sus ilusiones fueron las que me dieron las últimas energías para
levantarme. Comencé a caminar, más lento de lo normal pero por lo menos
llegaría; el entrenador hoy me hizo trizas, no había ido al gimnasio desde
hacía tiempo.
Antes de llegar al árbol me tapó los ojos, me giré a un
lado, parecía que había doblado la esquina de la calle-espero que te guste-me
susurró-lo hice con ayuda pero por eso tarde el primer día que te vi aquí,
llevo una semana preparándolo. Te mentí y te dije que había venido ese mismo
día que te dije que nos encontráramos en el rio, pero te lo quería preparar.
Me descubrió los ojos, tenía miedo con lo que los abrí
poco a poco. Un escaparate enorme con una tela puesta, algo ocultaba. Le miré
extrañada-todo tiene seguridad-me dijo-un beso es la clave.
Un gran beso fue lo suficiente para que lo
descubrieran, escuché como quitaron la tela que tapaba. Tenía una presión en el
corazón, mi cara se iluminaba, sonreía sin sentido, unos globos cubrían el
fondo del escaparate formando las palabras “I love u” estanterías cubiertas por
dulces, chocolate, fresas y nata. Lo más bonito, globos que no tocaban el
techo, pero si flotaban en mitad del escaparate con cartas que me supongo que
hay cosas escritas.
-Por eso tarde-pauso-me costó dos días a que los globos
quedaran a mitad y no arriba del todo. Mucha gente se paraba para ver el enorme
escaparte dedicado solo para mí, no pude evitar a que mis ojos se rallaran y
soltaran un par de lagrimas-no llores-me dijo quitándomelas
-Lloro de felicidad-le besé como nunca, me había dejado
en shock del enorme regalo.
-No es todo-dijo sacando algo del bolsillo. Una
llave-entra-dijo mirando dentro de aquella tienda, justamente la que tenía el
escaparate-ya te dejaré leer las cartas que cuelgan y también te dejaré probar
los dulces pero quiero que veas otra cosa.
Mi curiosidad fue a más, la cogí sin pensar y todo sin
soltarle la mano. Nada más entreabrir la puerta estaba la habitación vacía a
primera vista, una vez abierta entera vi como otros globos formaban un enorme túnel
hacia otra puerta.



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