Mi paciencia había alcanzado la cumbre, sin
pensarlo y agarrando fuerte el volante saqué toda mi valentía y salí del coche
mosqueada.
Nada más entrar en el estudio me los encontré
riéndose a pura carcajada, les había cortado el rollo al verme.
-Jin, quiero hablar-dije relajada
-Ahora no. Estoy trabajando-parecía menos
preciarme
Claro riéndote estás trabajando, pensó mi
subconsciente. Mi rabia salía a flote pero me callé mordiéndome el labio para
largarme lo antes posible del estudio. Me metí en el coche, no lo aguanto más,
dije prácticamente gritando en mi cabeza y demostrando mi rabia revolviéndome
el pelo.
Me apetecía que me dieran consejos, cierta
persona lo hará muy bien. Me dirigí al cementerio a visitar a mi querido hijo,
el mejor consejero. Sentada a los pies de la lápida posé una flor de su color
preferido.
-Si estuvieras aquí me ayudarías a elegir…nunca
te llego a gustar tu padrastro será por eso que me mandabas señales de que no
era buena persona-decía para no obtener respuesta alguna pero por alguna razón
esto me hacía reflexionar- ¿tú padre vino a verte? Claro que sí- observé unas
flores las cuales no me sonaban de haberlas comprado-es un buen padre, pena que
no hayamos hecho la familia de verdad. Te encantaba estar con él, aunque
apreciabas más al tío Minho…-dije y provoqué
un silencio muy largo.
Gente se acercaba y yo me tapé con la capucha,
no quería que nadie me viera. Cabizbaja escuchaba todas las voces y cada cosa
que decían, probablemente hayan tres hombres y cuatro mujeres. A los diez
minutos se quedó únicamente un joven…parecía tener premios. Sí, lo son. Me
levanté del suelo y metí las manos en cada bolsillo del pantalón, me quedé
observando por unos últimos minutos la lápida mientras escuchaba al joven
hablando con el que parecía ser su padre fallecido.
-Papa, hemos ganado los chicos y yo mucho
premios pero vengo con una noticia nueva-hizo una pausa muy larga, quizás
estaría buscando las palabras-creo que me he enamorado.
Tenía ganas de reírme, el amor no existe… eso
pienso después de que Jin comenzara a
cambiar de carácter. Me supongo que no debo pensar así.
-Asegúrate de estarlo-dije en voz alta con la
mirada fija en mi hijo- no le hagas daño, no estropees la relación. Si ya no la
quieres simplemente díselo, pero sobre todo, escúchala.
Con los ojos llorosos giré la cabeza, un joven
con los pelos perfectos de peluquería y con todos los premios a su alrededor
que me sonaban de haberlos visto en alguna parte.
-¿Donghae?-dije dudosa
Asintió-sabía que eras tú, tu forma de descansar
sobre un pie es inconfundible. Pensaba que no me escucharías, es de mala
educación-Sus ojos rojos de haber llorado lo expresaba todo.
Lo único que mi mente y mi cuerpo pedía era un simple abrazo eterno.

