sábado, 6 de julio de 2013

Capítulo 32

-¿Dónde estabas metida?
-En el trabajo
-Te llevaba esperando todo el día y…
Interrumpí- tengo ganas de descansar-puse mi dedo en sus labios para que se callase y me dejara ir a la cama.
En cuanto toqué la cama me dejé dormir por completo, no sabría decirte cuantas horas estuve durmiendo pero descansé como nunca. Nada más abrir los ojos, noté como me observaban desde la silla de la habituación. No pensé que sería él
-¿cómo entraste?
-Sigues igual de guapa como siempre, no te recordaba tan…
-¿Qué cómo entraste?-volví a preguntar
-Cuando estuvimos con la mudanza me diste una llave
-¡Oh! No me acordaba-me levanté-¿qué hora es?-busqué un reloj por todos lados, nada
-Son las de la tarde-dijo mientras observaba el reloj de pulsera
-¿tanto dormí?-me asombré y con las mismas me dirigí al salón a mirar mi agenda y el móvil
Él siguió mis pasos. Nada que hacer ni llamadas las cuales llamar… ¿ahora qué hago? Le observaba para saber lo que hacía pero se limitaba a jugar con el bolsillo del pantalón.
-Viniste por algo
-¿No puedo verte?
- Sí, pero es raro de ti. Dime la verdad, ¿a qué viniste?
-Solo quiero pasar una tarde contigo, es todo. Vine por eso pero estabas dormida y tu encanto me hipnotizó. Eso es todo-dijo suspirando
Me fui a vestir y en breve salí, cogí las llaves y nos fuimos a comernos un helado…justamente a la tiendita que nos habíamos enamorado el uno del otro. Me traía recuerdos.
-Kai ¿me sigues queriendo?-dije sin tapujos
-Si-pausó- y sé que tú a mí también
Me ahogué por lo que empecé a toser, me dio palmaditas en la espalda. Me relajé al momento. Respiré hondo, no tuve contestación a lo que había dicho…estaba claro que aún lo seguía queriendo pero realmente….ahora que lo pienso, no me acuerdo porque lo dejamos y abandonamos una familia estupenda. En medio del camino una llamada inesperada respondí
-Yeoboseyo?
-Por favor, ven…te necesito-dijo una voz entrecortada
-¿Dónde estás?-intenté parecer tranquila
-En casa-respondió y colgó
Se le notaba fatal, tenía que ir…urgente. A los pocos minutos estaba en casa, tocando la puerta esperando a que alguien abriera, pero resultaba que la puerta la había dejado abierta a mi espera. No me gustaba para nada el aspecto tenebroso  de la casa, era raro, siempre tenía todo abierto y entonces en ese momento fue cuando me di cuenta de que probablemente le había dado un brote de su enfermedad. Respiré varias veces profundamente antes de entrar a la habitación donde se encontraba. Por suerte tengo un don de ver algo en la oscuridad. Me senté a su lado, el suelo estaba frío y un escalofrío recorrió mi espalda de arriba abajo.
Me quedé callada por un momento -¿qué te ocurre?-miraba al infinito
-Gracias por venir. Necesitaba compañía-se le notaba la voz temblosa y eso no me estaba gustando mucho- ¿cuánto hace que no nos vemos? Siete meses. Sí, siete.
-Joon…he estado ocupada, volví a trabajar. Y ha todo no puedo estar
-No te digo que vengas, solo que me llames. Escuchar tu voz, me tranquiliza. Me han dado cuatro veces seguidas, por suerte los chicos no se enteraron y no tuve que enfrentarme al médico y las malditas pastillas que lo único que hacen es matarme-hizo una gran pausa- Eres mi antídoto
Me quedé prácticamente en shock, no pensaba que diría eso nunca. Lo que me importaba ahora era sacarlo de esta bajóna, y poder hablar tranquilamente sin que en algún momento corra peligro de que se vuelva contra mí. Me levanté, comencé abrir las cortinas poco a poco hasta finalmente abrir todas por completo y que vuelva esa alegría a la casa. Me puse delante de él

-Pasaré los próximos días contigo para que me perdones el no haberte llamado o visto durante todo este tiempo. Y ahora quiero que saques tu mejor sonrisa-seguía sin sonreír- venga…esa sonrisa que tanto me mata y enamora- sonrió sin ganas. Con las mismas me tiré al suelo como si realmente me hubiera matado esa sonrisa de verdad. Finalmente conseguí esa sonrisa por mi espectáculo.